La administración en el contexto eclesial encuentra en las Escrituras principios que orientan el orden, la responsabilidad, la mayordomía y el servicio en la vida del pueblo de Dios. A lo largo del relato bíblico se observan situaciones en las que el crecimiento, las nuevas necesidades y el desarrollo de la comunidad requirieron organización, distribución de responsabilidades y formas de coordinación que permitieran atender adecuadamente la labor encomendada.

En el Nuevo Testamento, el crecimiento de la iglesia primitiva generó nuevas necesidades de atención y coordinación. En Hechos 6:1–7, los apóstoles respondieron a una situación concreta estableciendo criterios para la selección de personas y distribuyendo responsabilidades, de manera que la necesidad existente pudiera ser atendida mientras ellos mantenían su dedicación a la oración y al ministerio de la Palabra. Este pasaje permite reconocer la importancia de organizar responsabilidades de acuerdo con las necesidades de la comunidad y las funciones de quienes sirven.

En el Nuevo Testamento, la iglesia primitiva enfrentó tensiones reales derivadas del crecimiento. La respuesta apostólica no fue ignorar el conflicto, sino establecer criterios claros de responsabilidad, roles definidos y supervisión, permitiendo que la misión continuara sin descuido ni desorden. Este modelo confirma que la organización no contradice la obra espiritual, sino que la sostiene.

Las Escrituras presentan principios de orden, responsabilidad, fidelidad y mayordomía que orientan la manera en que el pueblo de Dios administra aquello que le ha sido confiado. Desde esta perspectiva, la Administración Organizacional Eclesial reconoce estos principios como referentes para el uso responsable de los recursos, la organización de las responsabilidades y el desarrollo ordenado de la labor ministerial.

Desde esta convicción, la Administración Organizacional Eclesial se concibe como un medio para fortalecer los componentes administrativos y organizacionales que sostienen la labor ministerial, favoreciendo el orden, la responsabilidad y la mayordomía en el cumplimiento de la misión que Dios ha confiado a Su Iglesia.